Mostrando entradas con la etiqueta contracultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta contracultura. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de mayo de 2010

Música Rock

¡Y entonces se hizo el “rock”! Como si se hubiera inventado una cosa nueva. Déle que déle a la pentatónica, primero el Rock and Roll, una roca que rueda, o la metáfora del reloj, el momento exacto en que se nos dispara un gusto musical más o menos definido. Luego la Roca a secas, “Rock duro”, “Rock progresivo”, amalgamarlo hasta volverlo metal. La diáspora de los antropólogos se disparó: a Heavy, o Metal, Industrial, el Punk (Otra revancha del Rock) O el terrible Pop, la fórmula vendible con su estrofa-estribillo-estrofa-estribillo, y déle con el estribillo, estribillo, estribillo, volviéndonos estúpidos pero haciendo de la roca una piedra filosofal que los alquimistas de la época transmutaron en oro con la venta de sus millones de muletillas.

Música Disco, New Wave y todo lo Neo (New Metal, Neo Punk), ni siquiera seguimos un orden taxonómico: “platino”, “uranio”, “diamante” porque los periodistas pusieron nombres a todo pero sin detenerse mucho en esos detalles. Sigue la lista de creativos con Hip-Hop (Antes sólo RAP “Rhythm And “Pop””, otra fórmula de oro disfrazada de poesía), Ska, Reagae, Gótico, Techno y demás 4x4s (Los 4/4 dominan la Era glacial del siglo XX y del XXI) Pero además lo han hecho auto atribuyéndose el ambicioso término “Cultura” (Cultura Hip-Hop por ejemplo), en realidad West Indian Records, Virgen Records, o en Alemania Eye Q ó Frankfurt Beat Productions, profundidad, originalidad, localidad, sincretismo musical vs. Moda, mundialización, capitalismo.

El “Rock ha muerto” dicen algunos, o “no ha muerto” dicen otros, pero también dicen que “no puede morir algo que nunca ha nacido”, o la otra frase, ¡Ah sí! “El rock es la banda sonora de la crisis mundial”, y vienen las añoranzas, la dialéctica y la peleita entre generaciones, gustos y demás.

Como música, poco del universo idealista del Rock viene a ser realmente distinto a la música de otros siglos o culturas: pentatónicas hay en la China, en Suramérica y en todo el África, lo mismo que escalas menores y modales, Heavy, música del período clásico, Barroco y Death Metal, industrial-tribal. Pocos grupos o músicos han incursionado verdaderamente en otras posibilidades más allá de los avances tecnológicos (vastos por supuesto). Algunos creyeron que el ordenador nos lanzaría al universo de sonidos casi luminosos, tangibles y perceptibles por otros sentidos distintos al oído. Como no sea el choque brutal de la onda sonora terriblemente amplificada en una discoteca poco más podremos experimentar.

La música cambia, tanto como la ropa y las ideologías, pero su contenido, su masa “corpórea” seguirá siendo la misma, plastilina moldeable, sólo música. Esa idea de trascendencia, de nacimiento y muerte no es más que un mito cavernario, la cueva, la discoteca, los ojos vendados para no ver lo que sería posible desde un desplazamiento focal. Yo veo sombras, igual que el resto de mortales, sombras vestidas y maquilladas de Gótico, de Emo, de Punk o de cualquier otro colorista.

El condicionamiento nos hace ver formas en lo que antes parecían fantasmas, los neófitos ven puzzles y comienza el juego de poner las mismas fichas en distintos lugares. Lo que se construye se construye para adentro, un sin fin de cubos de almacenamiento, pura fachada disfrazada de profundidad. El Rock es un pozo que hemos llenado casi a tope, una palabra que conceptualiza conceptos, tal vez ni siquiera ha muerto, sólo ha reventado.