La chandurria y el rencor
Chanda en Colombia se le dice al perro que no tiene pedigrí, ese mismo que mal vive en las calles junto a los niños abandonados y miserables que llevan la casa a cuestas: "una raza que nadie quiere y que se acostumbró a las patadas y a las migajas y a caminar esperando el golpe y no la caricia", así aparece escrito en la carátula del disco "Identidad desde el caos" del grupo Frankie ha Muerto (2000, FHM) Refiriéndose en todo caso a la mayoría del pueblo colombiano (por no decir latinoamericano), que sufre esa misma condición.
Hasta entonces la chanda no había sido nombrada como concepto de humano: aquellos que por ser de donde hayan venido no han tenido nombre porque precisamente no tienen apellido y no se les tiene en cuenta en los sofisticados gremios culturetas colombianos, donde siempre han contado los Fulanito Betancourt, peranita Mesa, no se qué Botero y demás. A "Las escorias" poco se las nombra, porque "El Mario", "Carlos" o la “Yadira”, son simplemente "Ese que toca en un grupo", o "que hace fotografía" y no tienen lugar en los cosmitos de la farándula local.
La mayoría de escritores de Medellín, por ejemplo, han sido puros ricachones, o más bien "acomodados" como dice Héctor Abad Faciolince, para diferenciar que en realidad ricos ricos no eran (claro que no, ¡pobres!). Sólo recuerdo al pobre Marco Fidel Suárez (del que confieso, sólo le he leído fragmentos de sus gruesos doce tomos de sueños) del que decían caminaba varias horas para recibir clase por la ventana del colegio. Los artistas también han sido los más pudientes: la pobre Débora Arango, o el pobre Botero, o alguno de la comuna X, que menos mal los padres tenían una tienda porque sino... Hasta en el punk, los grupos más "sobresalientes" de la escena fueron siempre los de clase media-alta.
¿Pero qué pasa con toda esa gente que hace cosas y sigue allí en el anonimato?
Son tildados de “teguas” porque no pertenecen a esa “pequeña burguesía” que domina los estrados del poder. No son como los minifundistas (terratenientes para la mayoría pobre) que creen que Colombia les pertenece, no son los que siguen nombrando a las personas por el apellido para que parezca que fueran más porque esto cuenta como referencia para dar permisos, o conceder contratos, y hasta premios. Los “criollos” transformados en aristocracia, otro mal colombiano que soporta la cultura en frágiles puntos de apoyo.
Por eso hay ese rencor, y se frunce el ceño, ¡cómo no! Porque para ser profesor de la universidad pública, un buen publicista, o un alcalde, no sólo cuenta los estudios y su capacidad, se pide además cierto abolengo, que vemos claramente reflejado en las suaves manitas de estos directivos. No son todos los casos –es el rencor el que me hace hablar así cada que pienso en esto- también hay algunos cuantos que a fuerza de pelear mucho están donde están… bueno, allá ellos, entre la chandurria existe ese deseo de “pertenecer”, de subir peldaños y acceder tímidamente a esos gremios donde, de todas maneras, se les restregará su cuna cada que haya oportunidad.
Ahora que vivo fuera de Colombia me he liberado un poco de esa carga rencorosa para pasar a otra más global: ya no tengo que padecer la exclusión racial-clasista de Medellín, sólo la de inmigrante, que suele ser más institucional. Ni la humillación de algunas mujeres que creían que sólo buscaba en ellas “mejorar la especie” porque tenían algunas gotas blancuzcas, ahora simplemente eres exótico. Pero tengo que trabajar igual que allí, ahora en condición de inmigrante que también es excluyente, sólo que aquí me dan las llaves de la oficina sin tanto miedo como en Medellín.
"Los que venimos de tan lejos cargados de fantasmas, tenemos un plan secreto: desenmascarar a quién te engaña" dice la letra del mencionado grupo colombiano Frankie ha Muerto. Eso creo que decimos los que venimos de la Chandurria. ¿Desenmascarar a quién te engaña? Si no tienen vergüenza siquiera, no se les puede desenmascarar porque ya lo hacen con todo el descaro del mundo. No parece haber solución, pues le damos la razón al largo historial de embaucadores, políticos sobre todo, y toda la serie de poco profesionales artesanos de la mentira (educadores, artistas, periodistas, etc.), es difícil equivocarse con ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario